†_Ángeles y Demonios_†


Ángeles y Demonios
Estreno: jueves 14 de mayo de 2009 | Director: Ron Howard | Intérpretes: Tom Hanks, Ayelet Zurer, Ewan Mcgregor, Stellan Skarsgård

El éxito editorial de ‘El código Da Vinci’, en 2003, lanzó a la fama a su autor, Dan Brown, y dio nueva vida comercial a su antecedente literario, Ángeles y demonios.

En ésta, que se había publicado tres años antes, había surgido el personaje protagonista de ambas. Se trata de Robert Langdon, un profesor de la Universidad de Oxford experto en Simbología, mezcla de ‘Indiana Jones’ y del Guillermo de Baskerville de ‘El nombre de la rosa’, que se enfrenta a complejas conspiraciones político-religiosos.
Las adaptaciones al cine de ambos libros, dirigidas por Ron Howard (‘Una mente maravillosa’) y protagonizadas por Tom Hanks, han seguido ese mismo orden, inverso al de su publicación.
Primero ‘El código Da Vinci’ (2006), que costó 92 millones de dólares y recaudó 558, y ahora ‘Ángeles y demonios’. La diferencia con las novelas es que la precuela literaria se ha convertido en secuela en el cine. Es decir, los hechos se narran como si fueran posteriores, y no anteriores, a los ocurridos en ‘El código Da Vinci’.
El peligro de la antimateria
El enemigo a quien se enfrenta el audaz Robert Langdon en esta ocasión es la sociedad secreta de los Illuminati. La acción arranca con dos hechos: la muerte del Papa y el robo de una cápsula de antimateria del Centro Europeo para la Investigación Nuclear (CERN), durante el cual asesinan a uno de los científicos, a quien graban en el pecho un ambigrama (palabras o frases que admiten dos lecturas diferentes).
Lo terrible es que la cápsula de antimateria estallará a una hora fija y que sus ladrones la han ocultado en algún punto concreto de la Ciudad del Vaticano para interrumpir el cónclave que ha de elegir al sucesor del sumo pontífice.
Por si no fuera suficiente, han secuestrado a los cuatro cardenales entre los que se encuentra el posible nuevo Papa y los irán matando con intervalos de una hora, si la policía no puede descifrar antes una serie de pistas y enigmas, en una especie de diabólica gimkana mortal por los templos de Roma.
La buena noticia es que las autoridades vaticanas dejan a un lado su animadversión hacia Robert Langdon y le piden ayuda para que salve la situación.
El estudioso no tarda en darse cuenta de que el ambigrama grabado en el científico muerto es un mensaje de los Illuminati, sociedad secreta formada por científicos que luchaban por imponer la razón a la fe y se convirtió en uno de los principales enemigos de la jerarquía católica, que los persiguió.
“Al principio”, explica Tom Hanks, “la relación entre Langdon y el Vaticano es muy fría por lo ocurrido en ‘El código Da Vinci’. Es un gran conocedor de los rituales y de la historia de la Iglesia pero no es bienvenido. Hay una lucha de poder en el seno del Vaticano pero, gracias a la amenaza que pende sobre la elección papal, y a pesar de sus antecedentes, le eligen para prevenirlo. Es un desafío interpretar a un experto en un campo tan desconocido, capaz de establecer conexiones que nadie más ve”.
Del lado del Vaticano destaca el Camarlengo, a cargo de Ewan McGregor. “El Camarlengo es un secretario”, aclara el actor, “pero, cuando el Papa muere, él es la cabeza visible del estado Vaticano. Ama la Iglesia y el sentido de permanencia que lleva consigo, la fuerza de la Historia con mayúscula. Y ahora aquello que ama se ve amenazado en el momento de mayor debilidad. Él se ve a sí mismo como el hombre que hará lo que sea necesario para salvar la Iglesia y todo lo que ella representa de los Illuminati”.
Completan el reparto la israelí Ayelet Zurer (‘Munich’), en un papel que al principio estaba pensado para Naomi Watts, como la física nuclear compañera de fatigas de Langdon; el alemán Armin Mueller-Stahl (‘Promesas del Este’), como un poderoso cardenal que ejerce de contrapoder del camarlengo; el sueco Stellan Skarsgård (‘Mamma Mia!’), como el jefe de la guardia suiza que protege el Vaticano, y el danés Nikolaj Lie Kaas (‘Los idiotas’), como un asesino letal e impacable.
Los exteriores se rodaron en Roma, pero la negativa de la autoridad católica a dar acceso a la Ciudad del Vaticano e iglesias de la ciudad obligó a reconstruir los interiores del Vaticano (basílica de San Pedro, Capilla Sixtina) e iglesias como Santa María del Popolo o Santa María de la Victoria en estudios de Hollywood.
Con todo, la misma Iglesia que tachó ‘El código Da Vinci’ de “ofensa contra Dios” ha calificado este largometraje, en ‘L’Osservatore Romano’, el diario vaticano, de: “Diversión inofensiva que apenas afecta a los dones y misterio de la Cristiandad.

Referencia: http://www.elmundo.es/metropoli/2009/05/12/cine/1242149207.html
Apartado expuesto por Gotico666oscuro

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