†_Edgar Allan Poe_†

 Edgar Allan Poe

Edgar Allan Poe nació el 19 de enero de 1809 en Boston, fue hijo de un matrimonio de actores ambulantes los cuales lo dejaron huérfano cuando tenía dos años de edad, motivo por el cual Poe fue siempre psíquicamente inestable. Fue criado durante su infancia en la casa de un tío llamado John Allan, quien lo adoptó y de quien tomó su apellido, y que se dedicaba al comercio de tabaco en Virginia. Edgar Allan Poe recibió su educación en Inglaterra y en Norteamérica.

El joven Allan fue expulsado de la Universidad de Virginia por jugador, además de que llevaba un desempeño deplorable, tenía muchas deudas producto de sus apuetas. Posteriormetne se marchó a Boston luego de romper relaciones con su padre adoptivo, para publicar en esa ciudad su primer volumen de poesías, "Tamerlán" en 1827 en el que denotaba una leve inclinación byroniana. De la etapa posterior a la publicación de este libro se sabe que prestó servicio en el ejército.

En 1830 lo admitieron en la Academia Militar de West Point de la que pronto fue expulsado y fue entonces cuando se iniciaría su agitada carrera literaria. Publica "Poesías" en 1831 y ya denota en la obra un estilo propio, con un matiz auténtico. Por entonces vivía al día, como periodista con un sueldo mediocre pero estas actividades lo llevaron a contar con muchas colaboraciones y posteriormente a la dirección de numerosos periódicos entre ellos el "Southern Literary Messenger", mismo que se convirtió bajo su dirección en el más importante periódico del sur, el cual fracasaría en un futuro y contribuiriía a su gran depresión.

Después de varios cuentos en prosa como los de "Historias extraordinarias" y algunos artículos críticos obtuvo una considerable reputación literaria que llegó a la cumbre en 1845 con el libro "El cuervo". Lo cierto es que ni el éxito alejó a Poe de su fuerte tendencia a la depresión. El alcoholismo lo arrastraba a sus ataques de melancolía de la misma manera que su melancolía lo arrastraba al alcoholismo.

Se casó en 1825 con Virginia Clemm, una prima de trece años de edad, dicho matrimonio colaboró aunque precariamente con su siempre deteriorado equilibrio mental. Oscilando siempre al borde de la locura, constantemente proyectaba en sus personajes situaciones propias, como ejemplos "Roderick Usher", personaje de [ La caída de la casa de Usher ], señor de una casa que se derrumbaba (el y su mente). para Poe, la realidad estaba más allá de las formas estabilizadas.

El ideal estético de Poe se representaba por una indeterminación perfecta de significado mediante una determinación perfecta de medios, lo que daba como resultado un estilo muy preciso, desarrollando dramas de enorme fuerza psíquica, en los que los personajes, al igual que el mismo Poe, eran menos el protagonista que el desesperado espectador de los dramas que se desarrollaban en su mente.

En 1847 muere la esposa de Poe a causa de la tuberculosis y aún con su desolación terminó "Eureka" en 1849. A punto estuvo de casarse por segunda vez cuando después de haber celebrado el inminente acontecimiento con algunos amigos lo encontraron moribundo en una calle de Baltimore, para cuatro días después, el 7 de octubre de 1849, hundido en un delirium tremens.

Expuesto por Gotico666oscuro

Lápida de Edgar Allan Poe

País de Hadas

VALLES de sombra y aguas apagadas
y bosques como nubes,
que ocultan su contorno
en un fluir de lágrimas.
Allí crecen y menguan unas enormes lunas,
una vez y otra vez, a cada instante,
en canto que la noche se desliza,
y avanzan siempre, inquietas,
y apagan el temblor de los luceros
con el aliento de su rostro blanco.
Cuando el reloj lunar señala medianoche,
una luna más fina y transparente
desciende, poco a poco,
con el centro en la cumbre
de una sierrra elevada,
y de su vasto disco
se deslizan los velos dulcemente
sobre aldeas y estancias,
por doquier; sobre extrañas
florestas, sobre el mar
y sobre los espíritus que vuelan
y las cosas dormidas:
y todo lo sepulcan
en un gran laberinto luminoso.
¡Ah, entonces! ¡Qué profunda
es la pasión que ponen en su sueño!
Despiertan con el día,
y sus lienzos de luna
se ciernen ya en el cielo,
con inquietas borrascas,
y a todo se parecen: más que nada
semejan un albatros amarillo.
Y aquella luna no les sirve nunca
para lo mismo: en tienda
se trocará otra vez, extravagante.
Pero ya sus pedazos pequeñitos
se tornan leve lluvia,
y aquellas mariposas de la Tierra
que vuelan, afanosas del celaje,
y bajan nuevamente,
sin contentarse nunca,
nos traen una muestra,
prendida de sus alas temblorosas.

El Cuervo

Cierta medianoche aciaga, cuando, con la mente cansada,
meditaba sobre varios libracos de sabiduría ancestral
y asentía, adormecido, de pronto se oyó un rasguido,
como si alguien muy suavemente llamara a mi portal.
«Es un visitante -me dije-, que está llamando al portal;
sólo eso y nada más.»

¡Ah, recuerdo tan claramente aquel desolado diciembre!
Cada chispa desfalleciente dejaba un rastro espectral.
Yo esperaba ansioso el alba, pues no había hallado calma
en mis libros, ni consuelo a la pérdida abismal
de aquella a quien los ángeles Leonor podrán llamar
y aquí nadie nombrará.

Cada crujido de las cortinas purpúreas y cetrinas
me embargaba de dañinas dudas y mi sobresalto era tal
que, para calmar mi angustia repetí con voz mustia:

«No es sino un visitante que ha llegado a mi portal;
un tardío visitante esperando en mi portal.
Sólo eso y nada más».

Mas de pronto me animé y sin vacilación hablé:
«Caballero -dije-, o señora, me tendréis que disculpar
pues estaba adormecido cuando oí vuestro rasguido
y tan suave había sido vuestro golpe en mi portal
que dudé de haberlo oído…», y abrí de golpe el portal:
sólo sombras, nada más.

La noche miré de lleno, de temor y dudas pleno,
y soñé sueños que nadie osó soñar jamás;
pero en ese silencio atroz, superior a toda voz,
sólo se oyó la palabra «Leonor», que yo me atreví a susurran..
sí, susurré la palabra «Leonor» y un eco volvióla a nombrar.
Sólo eso y nada mas.

A un que mi alma ardía por dentro regresé a mis aposentos
pero pronto aquel rasguido se escuchó más pertinaz.
«Esta vez quien sea que flama ha llamado a mi ventana;
veré pues de qué se trata, qué misterio habrá detrás.

Si mi corazón se aplaca lo podré desentrañar.
¡Es el viento y nada más!»

Mas cuando abrí la persiana se coló por la ventana,
agitando el plumaje, un cuervo muy solemne y ancestral.
Sin cumplido o miramiento, sin detenerse un momento,
con aire envarado y grave fue a posarse en mi portal,
en un pálido busto de Palas que hay encima del umbral;
fue, posóse y nada más.

Esta negra y torva ave trocó, con su aire grave,
en sonriente extrañeza mi gris solemnidad.
«Ese penacho rapado -le dije-, no te impide ser osado,
viejo cuervo desterrado de la negrura abisal;
¿cuál es tu tétrico nombre en el abismo infernal?»
Dijo el cuervo: «Nunca más».

Que un ave zarrapastrosa tuviera esa voz virtuosa
sorprendióme aunque el sentido fuera tan poco cabal,
pues acordaréis conmigo que pocos habrán tenido
ocasión de ver posado tal pájaro en su portal.
Ni ave ni bestia alguna en la estatua del portal
que se llamara «Nunca más».

Mas el cuervo, altivo, adusto, no pronunció desde el busto,
como si en ello le fuera el alma, ni una sola sílaba más.
No movió una sola pluma ni dijo palabra alguna
hasta que al fin musité: «Vi a otros amigos volar;
por la mañana él también, cual mis anhelos, volará».
Dijo entonces: «Nunca más».

Esta certera respuesta dejó mi alma traspuesta;
«Sin duda -dije-, repite lo que ha podido acopiar
del repertorio olvidado de algún amo desgraciado
que en su caída redujo sus canciones a un refrán;
que pergeñó, acorralado, este lúgubre refrán:
"Nunca, nunca más"».

Como el cuervo aún convertía en sonrisa mi porfía
planté una silla mullida frente al ave y el portal;
y hundido en el terciopelo me afané con recelo
en descubrir que quería la funesta ave ancestral.
Qué pretendía esa torva ave, funesta y ancestral
al repetir: «Nunca más».

Esto, sentado, pensaba, aunque sin decir palabra
al ave que ahora quemaba mi pecho con su mirar;
eso y más cosas pensaba, con la cabeza apoyada
sobre el cojín purpúreo que el candil hacía brillar.
¡Sobre aquel cojín purpúreo que ella gustaba de usar,
y ya no usará nunca más!

Luego el aire se hizo denso, como si ardiera un incienso
mecido por serafines de leve andar musical.
«¡Miserable! -me dije-; ¡Tu Dios estos ángeles dirige
hacia ti con el filtro que a Leonor te hará olvidar!
¡Bebe, bebe el dulce filtro, y a Leonor olvidarás! »
Dijo el Cuervo: «Nunca más».

« ¡Profeta -grité-, ser malvado; profeta eres, diablo alado!
¿Del Tentador enviado o acaso una tempestad
trajo tu torvo plumaje hasta este yermo paraje,
a esta morada espectral? ¡Mas, te imploro, dime ya,
dime, te imploro, si existe algún bálsamo en Galaad!»
Dijo el Cuervo: «Nunca más».

« ¡Profeta -grité-, ser malvado; profeta eres, diablo alado!
Por el Dios que veneramos, por el manto celestial,
dile a este desventurado si en el Edén lejano
a Leonor, ahora entre ángeles, un día podré abrazar;
si a la radiante doncella en el Edén podré abrazar. »
Dijo el Cuervo: «¡Nunca más!».

«¡Diablo alado, no hables más!», dije, dando un paso atrás;
« ¡Que la tromba te devuelva a la negrura abismal!

¡Ni rastro de tu plumaje en recuerdo de tu ultraje
quiero sobre mi portal! ¡Deja en paz mi soledad!
¡Quita el pico de mi pecho y tu sombra del portal!»
Dijo el Cuervo: «Nunca más».

Y el impávido cuervo osado aun sigue, sigue posado,
en el pálido busto de Palas que hay encima del portal;
y su mirada aguileña es la de un demonio que sueña,
cuya sombra el candil en el suelo proyecta fantasmal;
y mi alma, de esa sombra que allí flota fantasmal,
no se alzará… ¡nunca más!

 


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